LA HUMILDAD DESARMA LOS MUROS QUE NOS SEPARAN DE DIOS
Comentario al Evangelio del 2026-01-26
Lunes de la 3.ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy el Evangelio nos presenta una escena fuerte. Los enemigos de Jesús, al ver sus milagros, no dudan en acusarlo: ‘Expulsa demonios porque él mismo es un demonio’. ¿Te imaginas? Jesús cura, libera, trae esperanza, y ellos lo interpretan como algo maligno. Lo mismo que ven los que creen en Él, pero su conclusión es radicalmente opuesta. Jesús les responde con una lógica contundente: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede sostenerse’. En Japón, existe un valor profundamente arraigado llamado ‘wa’ (armonía). Toda comunidad, familia o equipo sabe que sin armonía interna, todo se desmorona. Una casa dividida no se sostiene. Jesús nos habla justo de eso: de la división interior que nos ciega. Lo más grave no es equivocarse, sino cerrarse totalmente a la verdad. Por eso advierte sobre el pecado contra el Espíritu Santo: no es que Dios no quiera perdonar, es que quien comete este pecado rechaza radicalmente a Dios, no quiere pedir perdón, no deja espacio para el arrepentimiento. Es como construir un muro tan alto que ni siquiera deja entrar la luz. En la cultura japonesa, hay un término, ‘haji’ (vergüenza), que a veces nos paraliza y nos impide reconocer nuestros errores. Pero la verdadera humildad, ‘kenkyo’, nos libera. La oración es ese diálogo donde Dios tiene la primacía: Él nos espera con los brazos abiertos, pero debemos dar el primer paso de reconocer que necesitamos su perdón. Hoy, pidamos al Señor esa humildad que nos permite ver con claridad, reconocer nuestras divisiones internas y acudir a Él con confianza. Tómate un momento para examinar tu corazón: ¿hay alguna zona cerrada, algún resentimiento que te impide pedir perdón? Abre esa puerta. Dios ya está esperando.





