Published On: 11 de marzo de 2026257 words1,3 min read

Evangelio

No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. En verdad les digo: mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una iota ni un tilde pasarán de la Ley, hasta que todo se cumpla. Por tanto, quien quebrante uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe así a los hombres, será llamado el más pequeño en el Reino de los cielos; pero quien los cumpla y los enseñe, ése será llamado grande en el Reino de los cielos.

Reflexión

Hoy, Jesús nos revela que su misión no es destruir la tradición sagrada, sino llevarla a su plenitud definitiva. En un mundo donde la Ley podía parecer un peso, Él viene a mostrar que es camino hacia el amor perfecto. Esta ‘completud’ que Cristo trae responde al anhelo más profundo del corazón humano, esa sensación de que algo esencial falta en nuestra existencia. En Japón, donde la búsqueda de la armonía y la perfección en el arte del kintsugi transforma las roturas en belleza, vemos un reflejo de esta verdad: Dios no descarta nuestra fragilidad, sino que la sana con su gracia, completando lo que está roto. En esta Cuaresma, dejemos que Cristo encuentre esos espacios vacíos en nosotros, aquellos que el mundo intenta anestesiar con distracciones, y permitamos que su amor los llene hasta desbordar, transformando nuestra obediencia en alegre entrega.

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