Evangelio
Cuando acabaron de comer, dijo Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Le dijo: «Apacienta mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Le dijo: «Apacienta mis corderos». Le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me amas?», y le respondió: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo». Le dijo Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». Dijo esto indicando con qué muerte iba a glorificar a Dios. Y, dicho esto, añadió: «Sígueme».
Reflexión
Jesús resucitado no reprocha a Pedro sus negaciones, sino que le pregunta por su amor. Es un diálogo de restauración. Pedro, humillado, responde confiando en la omnisciencia del Señor. El triple «¿me amas?» corresponde a las tres negaciones. Jesús no pide explicaciones, sino una respuesta de amor. Y al confesar su amor, Pedro recibe la misión de apacentar el rebaño. Así, el amor a Cristo se traduce en servicio a la Iglesia. Santa Joaquina Vedruna y Santa Rita de Casia vivieron este amor en la entrega diaria, superando sus propias fragilidades. En Japón, donde la lealtad y la vergüenza son profundas, el relato de Pedro ofrece una liberación. La cultura japonesa valora la fidelidad, pero el Evangelio muestra que Dios restaura incluso después de la traición. Para los cristianos japoneses, la pregunta de Jesús resuena en un contexto de perseverancia y humildad. Como los kakure kirishitan, que mantuvieron la fe escondida, el amor a Cristo vence el miedo. Hoy, pregúntate: ¿Amas a Jesús? No importan tus caídas. Responde con sinceridad y déjate enviar a servir a los demás, especialmente a los más necesitados.

