Queridos misioneros.
Quedan 69 días para mi marcha a Japón.
¡Feliz Pascua!
Acabamos de terminar el Triduo Pascual y anoche celebrábamos la gran Vigilia Pascual con la ilusión de acrecentar nuestra esperanza en lo fundamental: la vida eterna.
Y de hecho, cuando tuve que preparar la homilía de anoche, lo que brotaba en mi corazón, como signo de la presencia del Resucitado, era la acción de gracias. Y además, recordaba una foto que tomé el martes pasado en la Misa Crismal.
Por si alguno no lo sabe, la Misa Crismal es la eucaristía que preside el obispo, normalmente el Jueves Santo por la mañana (aunque en Madrid se hace el Martes Santo), en la que los sacerdotes del presbiterio diocesano concelebran y, además, pueden renovar sus promesas sacerdotales. Es la misa en la que se bendicen los óleos que se usarán para los catecúmenos, los enfermos y el Santo Crisma para consagrar a los bautizados, los confirmados y las manos de los sacerdotes ordenados.
En esta foto aparecen algunos de los muchos sacerdotes que concelebraron en esta Misa presidida por nuestro obispo D. Carlos Osoro. Y contemplando aquella imagen no podía dejar de dar gracias a Dios por la riqueza de un presbiterio tan abundante en número y en dones. Doy muchas gracias a Dios por esta riqueza que hace posible mi marcha como misionero y guardo en mi corazón esta imagen que me será de ayuda cuando me toque vivir en un presbiterio mucho más reducido en número.
¡Que el Señor me conceda guardar en mi memoria y en mi corazón este tesoro que es la Diócesis de Madrid!
«Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.»
Salmo 137,5-6
Muchas gracias por vuestra oración y compañía.


