Queridos misioneros.
Desde que llegué a Japón hace tres meses me habían insistido en ir algún sábado a un barrio de Osaka donde se concentran muchos pobres que duermen en la calle. En este lugar, desde hace más de treinta años, todas las semanas hay un grupo de voluntarios católicos, dirigidos por unas monjas, que cocinan y dan de comer gratuitamente a doscientas personas (a veces trescientas).
Ayer fue el día en que pude visitar el lugar, ayudar a hacer la comida y tener un encuentro con esta realidad de Japón que siendo común a todos los lugares del mundo, aquí en Japón tiene sus peculiaridades.
La mayor parte de las personas que podríamos llamar pobres en Japón tienen un lugar digno donde dormir y comida que comer. Según me han explicado, el gobierno japonés les da un subsidio de unos 110.000¥ en el que se incluye también un lugar donde pernoctar. Aún así, hay algunos que prefieren dormir en la calle, como pude observar ayer.
Agradezco a la hermana Joy, de las hermanas asuncionistas, que me insistiese para venir, pues fue una estupenda experiencia. Llegamos pronto al parque donde los voluntarios tenían ya montado todo el tinglado para la cocina. Tenían dos ollas gigantes llenas de agua que estaban calentando con leña mientras mi compañero, el padre César, y yo cortábamos el pollo.
El menú era muy simple: un bol con arroz blanco cocido (la base de toda la cocina japonesa) sobre el que se colocaba un poco de caldo en el que se habían hervido las verduras y el pollo, que también se colocaban sobre el arroz. Sencillo pero rico. Simple pero eficaz.
Media hora antes de servir la comida ya había una cola de 50 personas esperando para recibir su bol de arroz. Y al llegar las 11:30, la hora de la comida, la cola había aumentado más allá de los doscientos.
Me pidieron echar una mano fregando y enjuagando los boles y ahí estuve, junto con algunos indigentes que, además de comer, también ayudaban a que el servicio se hiciese eficazmente.
Pudimos también dar una vuelta alrededor del barrio y conocer algunos lugares emblemáticos. Me llamó la atención una calle en la que se acumulaba una montaña de electrodomésticos rotos, junto con todo tipo de aparatos electrónicos, que escondían en su fondo futones sobre los que dormían algunos de estos vagabundos.
Es curioso y quizá pase desapercibido para el turista, que en los lugares más turísticos de Osaka no hay ningún indigente en la calle, ni nadie te aborda con algún mensaje de socorro para que le ayudes con dinero. Tampoco sucede en el metro o en el tren, donde todos sin excepción permanecen en silencio y donde contestar al móvil está visto como una falta de respeto hacia los demás. Recuerdo como en Madrid era rara la vez que estando en el vagón del metro no entraba nadie para tocar algún instrumento o con algún mensaje pidiendo dinero. Aquí no funcionan las cosas así.
En Japón, como ya os comenté en alguna noticia anterior, el respeto hacia el prójimo es uno de los mandamientos principales. Y pedirle dinero a un desconocido supone violentarle. Con lo que esto es algo contrario a la cultura japonesa y que no verás aquí. No pienses que por no ver a nadie pidiendo, en Japón no hay pobres. Claro que los hay, pero se comportan como lo haría un japonés, porque son japoneses.
Después de servir la comida a la gente del barrio fuimos a un centro que tienen los jesuitas en este lugar y allí celebramos juntos la misa en inglés. Y así dimos un sentido más profundo al gesto de caridad que habíamos tenido con la comida. La eucaristía, sacramento de la caridad, apunta hacía un más allá que se personifica en el Amor en Persona, el Espíritu Santo. Y todo gesto de caridad, como el que tuvimos ayer en Kamagasaki, encuentra su vínculo más visible en el Cuerpo de Cristo del que participamos, para llevarnos más allá, hasta la Caridad con el necesitado que muestra la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones.
Antes de ayer terminé la autobiografía del padre Arrupe “Ese Japón increíble” y he de decir que ma ha fascinado. Todo misionero en el Japón debería leerlo y meditarlo. Ahora he comenzado otra autobiografía, en este caso de un japonés, Takashi Nagai que vivió en Nagasaki y se convirtió al catolicismo. Ya leí hace años una novela sobre su vida: “Réquiem por Nagasaki” y tenía ilusión por leer su autobiografía que se publicó en español hace unos meses en Ediciones Encuentro. En otro momento os hablaré de las aventuras del padre Arrupe y también de las aventuras de Takashi Nagai.
Un fuerte abrazo misioneros y hasta el domingo que viene.



Practicando la caridad y estando al lado de los humildes siempre se recibe más de lo que se da. Gracias, padre.
Muchas gracias Jesús
Gracias Joserra, por compartir esta experiencia. Me sorprende lo diferente que es nuestra cultura, me encanta leer tus noticias. Espero que estés bien rezo por tí. Un fuerte abrazo.
Muchas gracias María del Pilar. Jejejejejeje
Has tenido una buena experiencia y tu manera de expresarlo me parece muy acertada.
Yo también he ido ahí varias veces.
¡Qué bien María Luisa!
¿Cuándo fuiste?
Gracias José Ramón por tu testimonio de entrega.
Muchas gracias Lucía.
Gracias Joserra me alegra ver la fuerza del Espíritu Santo en los que dejan sus vidas para dárselas a otros!! Me encanta que nos narres tus experiencias cada domingo. Feliz Domingo
Muchas gracias Carmen y Jesús.
Hola Joserra. Tus escritos del domingo son un chute de optimismo y de que no todo está perdido. Todavía quedan personas que con su ejemplo nos transmiten lo que es la Iglesia. Muchas gracias a todos los que dais sin recibir nada a cambio. Dios os bendiga y nosotros rezaremos para que así sea. Un abrazo Padre.
Muchas gracias María Jesús.
Querido José Ramón; me alegra mucho saber que avanzas en la misión y ayudas en todo lo que está en tu
mano para reconfortar a quienes lo necesitan allí donde estás.
Espero estés bien y pido por ti.
Que pases una feliz semana.
Hasta el próximo domingo. Un fuerte abrazo y 😘😘
Muchas gracias Paloma.
Gracias Joserra por compartir tu testimonio de entrega a los demás y rezo por tu misión y tarea.
Muchas gracias también por tus palabras a la Escuela de Dirigentes, que nos leyó Pedro Pérez este último jueves. Un abrazo.
Muchas gracias Juan Carlos. Un fuerte abrazo desde Osaka.
Nos encanta leerte en familia. Unidos en la oración y la Eucaristía. Un abrazo fuerte, el Señor te sostenga en tu entrega
Muchas gracias Juan y Marta.
Que gran obra estás haciendo de misionero, estás viviendo toda clase de experiencias, que el Señor te de su compañía y apoyo y nosotros seguiremos rezando por ti, un abrazo y hasta el domingo
Muchas gracias Conchi.
Una experiencia muy bien transmitida. Gracias Padre. Los pobres son los mismos en cualquier lugar pero no se comportan de la misma manera. Invita a la reflexión. Casi siempre nos comportamos en base a la expectativa que tenemos acerca de la realidad, de las personas y al cambiar de cultura, supongo que ese terreno seguro pero también superficial deja de funcionarnos, lo que será super enriquecedor. Me ha encantado ver a la misionera que lleva 60 años en Japón. ¿Tuvo la oportunidad de hablar con ella y qué le contara su experiencia de tantísimos años? . Será un tesoro.
Muchas gracias Carolina. Hablé un poco con ella, pero tengo intención de hablar más largo y tendido para que me cuente.
Nunca hubiera dicho que en Japón había pobres… no me lo ipodia maginar!!!! Gracias por acercarnos a esa realidad. Rezamos por tí y ya sabes que cualquier cosa que necesites ya conozco como funciona correos… un abrazo enorme. Se te echa de menos pero sabemos que es por un bien muy muy superior.
Muchas gracias Amalia.
Como siempre, en persona y ahora leyéndote, nos transmites la ilusión y pasión con la que te entregas a los demás. Te tenemos presente. Un abrazo!
Muchas gracias Juanjo.
Joserra, seguro que ha sido una experiencia muy enriquecedora, la próxima vez puedes colaborar con una paella, que como lleva arroz, no les extrañará. Paz y bien.
Muchas gracias Carlos.
Mucho ánimo y fuerza un abrazo fuerte.Seguro que el día que prueben tu paella no vas a poder dejar de ir a prepararlas
Muchas gracias Conchi.
Gracias por compartir todas estas experiencias con nosotros. Por mostrarnos otro pedacito del mundo y otra realidad tan diferente a la nuestra. Tus palabras y vivencias son enseñanzas.
Muchas gracias Beatriz