Evangelio
Porque les digo que si su justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás; y el que mate será reo de juicio.” Pero yo les digo: todo el que se enoje con su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano: “¡Idiota!”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame: “¡Necio!”, será reo de la gehena de fuego. Por tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Reflexión
Queridos hermanos, en este tiempo de Cuaresma, el Evangelio nos invita a profundizar en la verdadera justicia que supera la mera observancia externa. Jesús no viene a abolir la Ley, sino a llevarla a su plenitud, exigiendo que nuestro amor al prójimo alcance incluso a quienes nos hieren, transformando cada gesto de reconciliación en un acto sagrado. Esta enseñanza nos muestra que la ofrenda a Dios pierde sentido si nuestro corazón está en discordia, pues la división con los demás nos aleja también del Creador. En la cultura de Japón, donde la armonía social (和, wa) y el respeto mutuo son valores fundamentales, podemos ver un reflejo de esta llamada a la reconciliación, aunque la propuesta de Cristo va más allá: nos pide sanar las heridas desde lo más profundo del alma, como un camino necesario para entrar en el Reino. Pidamos al Señor, en este día, la gracia de buscar activamente la paz con quienes nos rodean, para que nuestro sacrificio cuaresmal sea auténtico y nos una más íntimamente a Él.





