{"id":5134,"date":"2026-03-10T08:00:00","date_gmt":"2026-03-10T07:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.misionjapon.es\/?p=5134"},"modified":"2026-03-10T08:00:00","modified_gmt":"2026-03-10T07:00:00","slug":"martes-de-la-iii-semana-de-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/2026\/03\/10\/martes-de-la-iii-semana-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"Martes de la III semana de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<div class=\"reflection-container\">\n<div class=\"gospel-section\">\n<h3>Evangelio<\/h3>\n<p>Entonces se acerc\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces pecar\u00e1 mi hermano contra m\u00ed y le perdonar\u00e9? \u00bfHasta siete veces?\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete\u00bb. Por eso el Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a ajustarlas, le presentaron a uno que le deb\u00eda diez mil talentos; como no ten\u00eda con qu\u00e9 pagar, su se\u00f1or orden\u00f3 venderlo, con su mujer y sus hijos y todo cuanto ten\u00eda, y que se pagara la deuda. Pero aquel siervo, postrado, le suplicaba: \u201cTen paciencia conmigo y te lo pagar\u00e9 todo\u201d. Compadecido, el se\u00f1or de aquel siervo lo dej\u00f3 en libertad y le perdon\u00f3 la deuda. Al salir, aquel siervo encontr\u00f3 a uno de sus compa\u00f1eros que le deb\u00eda cien denarios; lo agarr\u00f3 y, estrangul\u00e1ndolo, le dec\u00eda: \u201cPaga lo que debes\u201d. Su compa\u00f1ero, cayendo a sus pies, le suplicaba: \u201cTen paciencia conmigo y te lo pagar\u00e9\u201d. Pero \u00e9l no quiso; al contrario, fue y lo hizo encarcelar hasta que pagara la deuda. Al ver sus compa\u00f1eros lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contar a su se\u00f1or todo lo sucedido. Entonces su se\u00f1or lo llam\u00f3 y le dijo: \u201cSiervo malvado, yo te perdon\u00e9 toda aquella deuda porque me lo suplicaste. \u00bfNo deb\u00edas t\u00fa tambi\u00e9n compadecerte de tu compa\u00f1ero como yo me compadec\u00ed de ti?\u201d Y, enojado, su se\u00f1or lo entreg\u00f3 a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. As\u00ed har\u00e1 tambi\u00e9n con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de coraz\u00f3n a su hermano.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"reflection-section\">\n<h3>Reflexi\u00f3n<\/h3>\n<p>En este pasaje del Evangelio, Jes\u00fas nos confronta con la desproporci\u00f3n abismal entre la deuda que tenemos con Dios y las ofensas que recibimos de los dem\u00e1s. La par\u00e1bola del siervo despiadado nos revela que nuestra deuda con el Creador es infinita -como los diez mil talentos- mientras que las ofensas humanas son finitas -como los cien denarios-. Esta desproporci\u00f3n nos invita a una profunda reflexi\u00f3n espiritual: si Dios nos perdona una deuda imposible de pagar, \u00bfc\u00f3mo podemos negar el perd\u00f3n a quien nos ofende m\u00ednimamente? En la cultura japonesa, donde el concepto de &#8216;on&#8217; (deuda de gratitud) estructura relaciones sociales, podemos comprender mejor esta ense\u00f1anza. El &#8216;on&#8217; hacia los padres, maestros y la sociedad, aunque profundo, palidece ante la deuda infinita de amor que tenemos con Dios. Nuestra respuesta debe ser la gratitud perpetua y el perd\u00f3n generoso, imitando la misericordia divina que recibimos gratuitamente. Hoy, examinemos nuestro coraz\u00f3n: \u00bfperdonamos como hemos sido perdonados? La Cuaresma nos llama a convertirnos en instrumentos de la misericordia que hemos recibido abundantemente.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Evangelio Entonces se acerc\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas  [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5133,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[299],"tags":[],"class_list":["post-5134","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reflexion-diaria"],"acf":[],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.misionjapon.es\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/reflection-2026-03-10-es.png","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5134","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5134"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5134\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5135,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5134\/revisions\/5135"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5133"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5134"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5134"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.misionjapon.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5134"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}