Queridos misioneros.
Hace un par de semanas que murió un sacerdote vietnamita de esta diócesis. Su edad era más o menos la mía y su muerte fue realmente repentina e inesperada. Cuando algo así sucede, no puedo evitar cuestionarme a mí mismo.
¿Y yo estoy preparado para la muerte? ¿Si mañana muriese mi vida habría tenido sentido?
Quisiera compartir con vosotros unas palabras de reflexión sobre este tema.
Un abrazo misioneros.




