Published On: 13 de marzo de 2026406 words2 min read

Evangelio

Se acercó uno de los escribas que los oyó discutir; viendo que les había respondido bien, le preguntó cuál era el primero de todos los mandamientos. Jesús respondió: “El primero es: ‘Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento mayor que éstos”. Le dijo el escriba: “Bien dicho, Maestro; tienes razón al decir que Él es uno y no hay otro fuera de Él, y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevía ya a interrogarlo.

Reflexión

En este Viernes de Cuaresma, el Evangelio nos invita a detenernos ante la pregunta esencial sobre el sentido de nuestra vida, recordándonos que el primer mandamiento comienza con una llamada a escuchar: ‘Escucha, Israel’. En medio de nuestras ocupaciones diarias, donde el ruido y las prisas nos distraen, Jesús nos señala que la escucha atenta a Dios es el fundamento para amar con todo nuestro ser. Esta escucha no es pasiva; es un acto de entrega que nos permite abrir el corazón al amor divino y, desde ahí, amar al prójimo como a nosotros mismos, creando un círculo de caridad que transforma nuestras relaciones. En Japón, donde la cultura valora profundamente la armonía y la atención plena en prácticas como el ‘zazen’ o la ceremonia del té, podemos encontrar un eco de esta sabiduría: la escucha interior, cultivada en la quietud, nos ayuda a conectar con lo esencial y a vivir el mandamiento del amor de manera auténtica. Hoy, en este tiempo de Cuaresma, tomemos un momento para silenciar el bullicio exterior, dirigir nuestra mirada hacia Dios en oración, y desde ese encuentro, salir al encuentro de los demás con un amor que brota de la escucha profunda, transformando nuestro entorno con la paz que solo Él puede dar.

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