Published On: 11 de julio de 2026328 words1,6 min read

Evangelio

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Se reunió junto a Él tanta gente que tuvo que subir a una barca y sentarse, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: «Salió el sembrador a sembrar. Y al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde tenía poca tierra; brotó enseguida, por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, como no tenía raíz, se secó. Otra cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: unas ciento, otras sesenta, otras treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión

Cada domingo, Jesús nos invita a sentarnos a la orilla del mar de la vida. El Evangelio muestra una gran multitud apiñada para escucharlo. Hoy, en muchas iglesias, los bancos están vacíos; es fácil caer en desesperanza o desidia, pensando que el mensaje ya no interesa. Pero Jesús recuerda que el deseo de Dios sigue vivo en el corazón humano. Aquella multitud no era perfecta: había semillas en diversos terrenos, pero la presencia de Cristo atraía a todos. También nosotros hemos recibido el don de la fe, y Él promete que haremos obras mayores (Jn 14,12). En Japón, donde los católicos son minoría, la comunidad parece diminuta, pero como aquella orilla, cada grupo es lugar donde la Palabra germina. Los misioneros sembraron con dificultad y hoy vemos frutos de santidad. No midamos el éxito por cantidad, sino por fidelidad. La multitud del Evangelio nos anima a confiar: Dios sigue atrayendo almas. Esta semana, seamos testigos alegres, sabiendo que la semilla dará fruto. Que María, Reina de Japón, nos ayude a mantener la esperanza.

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