Published On: 27 de marzo de 2026439 words2,2 min read

Evangelio

Entonces los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: «Os he mostrado muchas obras buenas de parte de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». Le respondieron los judíos: «No te apedreamos por una obra buena, sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra Ley: “Yo dije: sois dioses”? Si llamó “dioses” a aquellos a quienes llegó la palabra de Dios, y la Escritura no puede ser anulada, ¿cómo decís del que el Padre consagró y envió al mundo: “Blasfemas”, porque dije: “Yo soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre está en mí y yo en el Padre». Buscaron entonces prenderle, pero él se les escapó de las manos.

Se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado al principio, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Es verdad que Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Reflexión

En este Viernes de Cuaresma, el Evangelio nos presenta un diálogo tenso donde Jesús revela su íntima comunión con el Padre, enfrentando el rechazo de quienes no pueden aceptar su divinidad. Mientras nos acercamos a la Semana Santa, esta escena nos invita a profundizar en cómo nuestra propia identidad como hijos de Dios se afirma no en la aceptación humana, sino en la fidelidad a la misión recibida. Jesús no se defiende con argumentos vacíos, sino que apela a las obras que manifiestan la presencia del Padre, enseñándonos que el testimonio auténtico trasciende las palabras y se encarna en acciones que revelan amor. En la cultura de Japón, donde la armonía social y el respeto a la tradición son valores profundos, podemos encontrar un paralelo en cómo los cristianos, siendo minoría, mantienen su fe con discreta perseverancia, transformando el posible rechazo en testimonio silencioso pero firme, como el monte Fuji que permanece inmutable ante las tormentas. Hoy, pidamos por quienes persiguen a Cristo en sus seguidores, y comprometámonos a vivir nuestra comunión con Dios con tal coherencia que nuestras obras hablen más fuerte que cualquier oposición, encontrando en la Cruz la fuerza para amar incluso a quienes nos rechazan.

Leave your comment

Related posts