Evangelio
En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque conocen su voz. A un extraño no le seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les dijo esta comparación, pero ellos no comprendieron qué era lo que les hablaba.
Por eso Jesús volvió a decir: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido son ladrones y salteadores, y las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta: si uno entra por mí, se salvará; entrará y saldrá y encontrará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Reflexión
Querido hermano, hoy la liturgia nos invita a contemplar a Jesús como el Buen Pastor que no solo guía, sino que es la puerta misma de la salvación. En un mundo lleno de ruidos y falsas promesas, su voz se distingue por la verdad y el amor. Él nos conoce por nuestro nombre, nos saca de la oscuridad y camina delante de nosotros hacia pastos de vida eterna. En Japón, una cultura que valora la armonía y el respeto, esta imagen resuena profundamente: el Pastor no impone, sino que llama y espera nuestra respuesta libre. Muchos japoneses buscan sentido en medio del trabajo y la tradición; el Buen Pastor ofrece una relación personal que transforma la soledad en comunión. Hoy, al escuchar su voz en la oración y los sacramentos, déjate conducir. Sal de tus miedos, confía en quien da la vida en abundancia. Que tu día sea un eco de su llamado, y que al seguirle, encuentres la paz que solo Él puede dar.





