Evangelio
Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». Al verlo, Pedro dijo a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?». Jesús le respondió: «Si quiero que él permanezca hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme». Por eso corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: «Si quiero que él permanezca hasta que yo venga, ¿a ti qué?». Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además muchas otras cosas que hizo Jesús; si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que se escribirían.
Reflexión
El Evangelio de hoy nos recuerda que no todo lo que Jesús hizo está escrito, pero lo escrito es suficiente para la fe. Juan cierra su Evangelio subrayando el testimonio de los que vieron y oyeron. Jesús responde a Pedro con firmeza: «Tú, sígueme». No nos corresponde indagar los planes de Dios para los demás. Cada discípulo tiene un camino único. En Japón, donde la presión social por cumplir expectativas es intensa, la pregunta de Pedro «y éste, ¿qué?» resuena en quienes se comparan constantemente. Jesús nos libera: no necesitamos saber el destino ajeno. La Iglesia en Japón, pequeña y fiel, vive este llamado con humildad. Agradecemos el testimonio de los apóstoles y de tantos que han transmitido la fe hasta nosotros. Hoy, da gracias por quienes te han enseñado el Evangelio. Sigue a Jesús sin distracciones, confiando en que su plan para ti es perfecto.

