Evangelio
Fueron de nuevo a Jerusalén. Mientras él caminaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado esa autoridad para hacerlo?” Jesús les respondió: “Yo también os voy a hacer una sola pregunta; respondedme, y entonces os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan: ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.” Ellos discutían entre sí: “Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’; pero, ¿diremos: ‘De los hombres’? Temen al pueblo.” Porque todos tenían a Juan por verdadero profeta. Respondieron, pues, a Jesús: “No lo sabemos.” Y Jesús les dijo: “Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.”
Reflexión
Al ver a Jesús en el templo, los sumos sacerdotes, escribas y ancianos le preguntan: ‘¿Con qué autoridad haces esto?’ Su intención no es aprender, sino tender una trampa. Jesús, que conoce el corazón humano, les responde con otra pregunta sobre el bautismo de Juan, dejándolos sin salida. Esta escena nos invita a examinar nuestra propia actitud ante Dios. Muchas veces nos acercamos con preguntas llenas de justificaciones, buscando confirmar nuestros prejuicios más que abrirnos a su verdad. En Japón, la cultura valora la armonía social y el respeto a la autoridad. Pero Jesús nos desafía a ir más allá: no se trata de aceptar ciegamente, sino de buscar la verdad con corazón sincero. La palabra japonesa ‘kokoro’ expresa el centro del ser, donde reside la intención. Jesús nos invita a tener un ‘kokoro’ puro que no tema confrontar las propias dudas. Al igual que los líderes judíos, podemos caer en la trampa de proteger nuestra posición o temer al qué dirán. Sin embargo, el camino de Jesús exige autenticidad. Hoy, examina tus motivaciones al acercarte a Dios. ¿Buscas entender o justificarte? Pide la gracia de un corazón humilde, dispuesto a reconocer la autoridad de Cristo en tu vida, aunque desafíe tus seguridades. Solo así recibirás la verdad que libera.

