Published On: 7 de julio de 2026324 words1,6 min read

Evangelio

Llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que también lo entregó. A estos doce los envió Jesús, dándoles estas instrucciones: «No tomen camino de gentiles ni entren en ciudad de samaritanos; vayan más bien a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. Y al ir, proclamen: “El Reino de los cielos se ha acercado”.

Reflexión

Jesús eligió a los doce apóstoles no por necesidad, sino por amor. Los invita a participar de su misión, dándoles autoridad para sanar y expulsar males. Este llamado no es un contrato, sino una relación de amor. Dios no necesita nuestra ayuda, pero quiere nuestra compañía. Al enviarnos, nos confía su obra, haciéndonos instrumentos de su Reino. Esta autoridad es un don para servir, no para dominar. Al igual que los apóstoles, somos llamados a proclamar que el Reino está cerca, sanando heridas y llevando esperanza. En Japón, donde la armonía grupal es clave, este llamado resuena con el servicio humilde. Los católicos japoneses viven su fe compartiendo el amor de Dios en una cultura que valora el bien común. La autoridad que Jesús da es servicio, similar al concepto japonés de ‘hōshi’ (servicio). Así, la misión se vive en lo cotidiano, en pequeños gestos de cuidado. Hoy, reflexionemos cómo respondemos al llamado. Usemos nuestros dones para servir, siendo instrumentos de paz con los descarriados. En familia, trabajo o iglesia, anunciemos el Reino con acciones de amor.

Leave your comment

Related posts