Hace ya una semana que anuncié públicamente mi marcha a Japón y han sido muchos los gestos de cariño que he recibido por parte de tanta gente de la parroquia Santa Maravillas de Jesús, de la parroquia Purificación de Nuestra Señora, de Cursillos de Cristiandad, de personas que se acompañan espiritualmente por mí y también de mi familia. Y a la luz de esto, quisiera compartir con vosotros una reflexión que he madurado sobre todo en los años de seminario y que de nuevo ha vuelto a mi pensamiento en estos días.
He escuchado a varias personas, refiriéndose a la decisión de marchar como misionero a Japón, decirme frases como las siguientes:
¡Qué valiente eres!
¡Eres un ejemplo!
¡Te admiro!
Y honradamente creo que ni soy valiente, ni soy ejemplo para nadie, ni soy digno de admiración. Pero si de hecho la gente dice estas cosas… por algo será. Y aquí es donde viene a mi recuerdo una cita de San Pablo:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
2Cor 4,7
Doy gracias a Dios por tanta bendición recibida y reconozco que sin Él nada puedo. Sé que soy frágil, débil y pecador; totalmente necesitado de Dios. Y teniendo esto en cuenta, tengo que admitir que cualquier valentía que asomase en mi manera de proceder, sería algo que no procede de mí, sino de Dios. Si en algo puedo ser ejemplo con mi vida, será porque Dios me ha concedido un obrar ejemplar. Y si alguien siente admiración por este nuevo camino que emprendo de la misión, deberá admirarse más bien de la obra que Dios va haciendo en mí.
A Dios le pido no apropiarme de nada que no me pertenezca. Que la gloria sea para Él y que yo pueda ser un mero instrumento para la manifestación de Su Gloria, como el ciego de nacimiento.
Quedan 97 días para mi marcha a Japón.



Como no se te va a admirar con las cosas que dices, que escribes y haces. Durante todo el confinamiento Sergio y tú fuisteis nuestros acompañantes diarios y con qué ilusión nos conectábamos con tu parroquia. La cita diaria nos daba fuerzas para soportar el encerramiento pero sobre todo los miedos. Me da pena que te vayas y al mismo tiempo me alegro de que sea tu respuesta a la llamada del Señor. Rezamos y rezaremos por ti y tú tb reza por todos nosotros. Un abrazo súper fuerte. Una pena no habértelo podido dar en persona.
Muchas gracias María Jesús