Queridos misioneros.
Hoy domingo 28 de mayo, solemnidad de Pentecostés, he presidido la misa de 12:30 en la parroquia y me he despedido oficialmente de todos antes de mi marcha a Japón. Ha sido una jornada muy emocionante y de muuuuuuucho agradecimiento a Dios por tantas personas que ha puesto en mi camino.
Comparto con vosotros el video de la celebración, que está en el canal de Youtube de la parroquia y también comparto la homilía de la misa que he preparado con mucho cariño.
Queridos hermanos sacerdotes y hermano diácono, querida familia, queridos hijos y hermanos en Cristo.
Hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés y hemos escuchado en la primera lectura el testimonio de aquel acontecimiento en el que los apóstoles se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas.
Esto mismo sucede hoy, también yo me siento lleno del Espíritu Santo y por esa razón he pensado que esta homilía la voy a hacer en japonés. Pero no os preocupéis, porque el Espíritu Santo no solo lo he recibido yo, sino también vosotros. Y así como a mí me hace hablar en japonés, a vosotros os concede un entendimiento tal del japonés, que en todo momento os parecerá que estoy hablando en español.
¡Vamos allá!
En el credo decimos que creemos en el Espíritu Santo y de él decimos que es Señor y Dador de Vida. ¿Qué significa eso? Pues lo vamos a explicar gráficamente con una imagen.

Cuando llegué a la parroquia de Santa maravillas de Jesús hace cuatro años me encontré el jardín como aparece en la foto: había muchos hierbajos, pocos árboles, pocas enredaderas… Y yo decidí comprarme un mono de trabajo, una carretilla, un pico y una pala… Y me puse a trabajar en el jardín. Era gracioso cuando iba con el mono puesto y la carretilla llena de escombros y me encontraba con alguien de la parroquia.
El caso es que, con esfuerzo, perseverancia, dedicación e ilusión, poco a poco fuimos arreglando el jardín. Pusimos el césped, plantamos árboles, enredaderas, pusimos una Virgen, un sistema de riego por goteo programado, suelo de hormigón en la entrada, etcétera. Y poco a poco el jardín se fue embelleciendo y creciendo, como se observa en la siguiente foto:

Ha sido muy agradable a la vista ver florecer todas las enredaderas a primeros de mayo y también ha sido muy agradable al olfato oler la fragancia que desprenden estas flores. Curiosamente el nombre vulgar de estas enredaderas es el de “jazmín japonés”.
He aquí un signo de vida, he aquí un signo de la presencia del Espíritu Santo, que es Señor y Dador de Vida. Pero sería injusto y falso que centrarse la belleza y la vida de esta parroquia en el crecimiento de los árboles, las enredaderas y el césped. Sería injusto y falso porque las verdaderas piedras de este templo no son estas que veis ni el jardín tan bonito. Las verdaderas piedras de este templo son las piedras vivas que sois vosotros.
Aprendí en la carrera de teología que el Magisterio de la Iglesia nos enseña cuáles son los elementos esenciales e indispensables para que pueda haber Iglesia. Y ahí se habla de la necesaria presencia del Espíritu Santo que reúne al pueblo de Dios por el Evangelio y la Eucaristía.
Pues la presencia del Espíritu Santo se ha hecho patente por la vida con mayúsculas que se ha manifestado en vuestras vidas y que hoy celebramos proclamando el Evangelio y partiendo el pan en la eucaristía.
Si el jardín ha crecido y se ha embellecido, todavía más ha sido el crecimiento y la belleza de vuestros corazones. Esta ha sido la parroquia en la que me he estrenado como párroco y he de decir que la labor de párroco ha hecho crecer en mí la consciencia de ser padre y, por tanto, ha estrechado los vínculos de comunión con vosotros, mis hijos. Recuerdo que San Juan Pablo II en una vigilia de oración con jóvenes decía que le gustaría poder hablar y conocer a cada uno de ellos, conocer sus deseos y aspiraciones, sus problemas y dificultades, poder penetrar en su interior hablando de corazón a corazón. Pues yo digo eso mismo también, pero además agradezco haberlo podido llevar a cabo. Agradezco haber podido tratar con vosotros de corazón a corazón y haber sido testigo de vuestro avance y crecimiento en la fe.
Y ahora me toca marcharme y a vosotros os toca quedaros. Para mí, que me marcho, es deber de justicia y de caridad no olvidaros y continuar teniéndoos muy presentes en la oración y la eucaristía. Para vosotros, que os quedáis, es deber de caridad aprovechar este momento para crecer en la comunión con Dios y poder decir con Santa Teresa: “Sólo Dios basta”.
Y mi marcha deja un hueco. Llevo tiempo pensando en esto durante la oración de la mañana y dos cosas creo que ha puesto Dios en mi corazón con respecto a esto. La primera tiene que ver con la misión “ad gentes”, es decir, con la misión en lugares lejanos y necesitados del Evangelio. Me asombró el domingo pasado ver en la Catedral a tantos misioneros de Madrid que marchaban al mundo entero siguiendo el mandato del Señor. Y me llamó la atención que la mayoría fuesen laicos. Por eso, lo primero que ha puesto en mi corazón el Señor es un llamamiento a la misión y, más concretamente, a la misión “ad gentes”. ¿Alguna vez se lo has preguntado a Dios? ¿Le has preguntado si el camino para entregar la vida pasa por dejar tu tierra, tu casa y tu familia e ir donde Él te lleve? ¿Piensas que esto es para los solteros o los curas y las monjas? Pues te diré que también hay familias misioneras y que también los niños son estupendos misioneros. ¡Hazle esta pregunta al Señor y escucha!
Y la segunda cosa que pone Dios en mi corazón tiene que ver con mi vocación al sacerdocio. Aunque yo siga siendo sacerdote diocesano de Madrid ya no estaré físicamente en la diócesis de Madrid. Y eso hace que mengüe el número de sacerdotes en esta bella diócesis de Madrid. Pero siempre he tenido la certeza de que Dios sigue llamando a hombres para participar de su sacerdocio como lo hizo conmigo al llegar a Madrid. Y sé que al marcharme, suscitará en el corazón de algún joven o de algún niño, la inquietud por la vocación al sacerdocio. También esta pregunta es bueno que esté en la oración de los niños y los jóvenes: “¿Qué quieres de mi Señor? ¿Quizá me llamas a ser sacerdote?”.
En este día de Pentecostés, también la Virgen María estuvo presente y el Espíritu Santo la llenó de su gracia. De ella se ha dicho que será la puerta de entrada de Asia en el cristianismo. Por eso quiero acogerme a ella y pedirle su protección para esta nueva misión.





Rezamos por ti, para que el Espíritu Santo te guíe y la Virgen te proteja. Todo mi apoyo y cariño, Jose Ramón, en tu nueva etapa.
Muchas gracias Virginia
Padre que el Espíritu Santo sea su guía en esta misión de evangelización y entrega. Se puede decir fácil, pero no lo es, experimentar en carne propia dejar todo en una tierra no es tarea sencilla, pero los que con valentía aceptamos los planes de Dios, el nos va colocando en el camino ángeles terrenales que van llenando esa nostalgia en esperanzas y alegrías; pues uno de esos ángeles terrenales acá ha sido Ud para nosotros gracias por esa mano amiga y empatica al recibirnos en la iglesia y por buscar la forma de acercarnos más a ella. Que Dios, Jesús y la Virgen Santisima le coloquen muchos ángeles terrenales en Japón, que le reciban con empatia y cariño así como Ud. Lo ha hecho con nosotros. Muchos saludos. Ines, Antonella, Alessandra y Martin.
Muchas gracias Inés. Fue un placer compartir con vosotros =)