El pasado sábado, 10 de junio de 2023, celebramos el 25º aniversario de nuestra graduación en el colegio. Fue precioso poder reencontrarme con tantos compañeros a los que hacía 25 años que no veía y con los que había compartido tantos años de mi vida.
El encuentro comenzó con una eucaristía que pude presidir yo. Y comparto con vosotros la homilía que preparé.
Querido hermano diácono Javier, queridos profesores, queridos compañeros.
Quisiera comenzar utilizando unas palabras que nuestro querido profesor de valenciano Lino nos repetía quince veces en cada clase: «A vore si es possible».
Quizá alguno no me ubique. Me llamo José Ramón y llegué al colegio El Armelar en el curso 86-87, en 1º de EGB. Con la peculiaridad de que llegué a mitad de curso cuando todos habíais aprendido a leer y yo no sabía. Se me atragantó el «Pan con Chocolate», pero finalmente logré salir airoso y aquí permanecí hasta que, como muchos, terminé COU y estudié en la Universidad Politécnica de Valencia una ingeniería. Luego me dediqué en Madrid a diseñar y construir refinerías de petroleo, hasta que el Señor me llamó por otros caminos. Y ahora hace nueve años que fui ordenado sacerdote.
Me vais a perdonar que lea la homilía. Sólo lo he hecho cinco veces en nueve años. Y lo he hecho porque quería que las palabras que os dirigiese estuvieran bien pensadas, pues la celebración lo merece.
Ahir vaig possarme davant de la Verge dels Dessamparats i vaig pregar i demanar la inspiració per fer açò.

Elena nos invitaba a estar aquí como los niños que fuimos y que seguimos siendo… y yo he sido durante nueve años capellán de un colegio de niños pequeños, así que voy a hacer con vosotros como hago con los niños. A ver si habéis estado atentos.
¿De dónde y a dónde iba Jesús?
- De Galilea a Jerusalén.
¿Con quién se encuentra Jesús?
- Con 10 hombres leprosos.
¿Qué le piden a Jesús?
- «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
¿Qué les dice Jesús?
- «Id a presentaros a los sacerdotes».
¿Qué les pasa de camino?
- Quedan limpios de la lepra.
¿Cuántos se curan de la lepra?
- Los 10 se curan.
Pero sólo uno vuelve al lado de Jesús y, ¿qué hace y qué dice?
- Se postra rostro en tierra (gesto hecho sólo delante de Dios) y le da las gracias.
¿Y qué le dice Jesús finalmente?
- «Levántate, tu fe te ha salvado».
Los diez se curaron, pero sólo el que fue agradecido escuchó de Jesús que estaba salvado.
Según el Instituto Nacional de Estadística la esperanza de vida media de una persona española ahora es de 84 años. Si lo dividimos entre dos obtenemos la estupenda cifra de 42 años. Este cálculo no hubiera sido posible sin la ayuda de las clases de matemáticas de Isabel y de Paco Paredes.
¡Y esa es justo nuestra edad! Eso quiere decir que… quizá… hemos recorrido la mitad de esta vida terrena que Dios ha tenido a bien regalarnos.
Suele hablarse en ocasiones de «La crisis de los 40». Y quizá, en lo que al alma se refiere, estas crisis tienen que ver con planteamientos inadecuados con respecto a lo vivido, a lo que ahora vivimos y a lo que viviremos.
¡Qué importante es poder decir con 42 años que mi vida tiene sentido!
¡Qué importante es poder echar la mirada atrás y poder decir que ha merecido la pena vivir la vida desde nuestra concepción!
¡Y qué importante es poder mirar hacia el horizonte del futuro y poder afirmar que merece la pena vivir lo que nos espera hasta nuestra muerte natural!
San Pablo nos decía en la primera lectura: «Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño». Es verdad que en nuestro interior podemos seguir siendo como un niño, pero al mismo tiempo, los años vividos y todo lo vivido, nos ayudan a afrontar este momento existencial con una necesaria madurez que no teníamos cuando jugábamos y estudiábamos aquí.
Cuando comencé la carrera de filosofía, el profesor de una asignatura que se llamaba metafísica, nos dijo algo que he guardado en mi memoria y mi corazón. Él dijo que hay cosas en la vida que por mucho que uno las agradezca, jamás las agradecerá lo suficiente, aunque no por ello dejará de agradecerlas. Y puso dos ejemplos. El primero es que nunca agradeceremos lo suficiente a nuestros padres el habernos dado la vida. Y el segundo es que nunca agradeceremos lo suficiente a nuestros profesores todo lo recibido de ellos… pero no por ello dejamos de agradecérselo.
Aquí nos encontramos con una clave fundamental para afrontar con madurez el momento que nos toca vivir. Se trata de la acción de gracias. Por eso elegí estas lecturas para la misa y por eso repetimos en el salmo: «Quid retribuam Domino, pro omnibus quae retribuit mihi?» (¿Cómo podré agradecer al Señor todo el bien que me ha hecho?). Y esto no hubiera sido posible sin la ayuda de la magister Ana y el magister Luis, profesores de latín.
¡Qué importante es, desde nuestro corazón maduro, saber reconocer y agradecer el bien que recibimos en el Armelar de nuestros profesores! Seguramente no seamos ni conscientes ni capaces de valorar todo lo que recibimos, pero sí somos capaces de agradecerlo.
A lo mejor sólo recordamos algunas canciones que en la segunda mitad de los años 90, nos ponía Pepe Vallés en las clases de inglés. Quizá sólo alcancemos a reconocer cómo aquellos ejercicios con las canciones nos ayudaron a mejorar nuestro inglés. Pero estoy seguro de que el bien recibido fue más allá, pues también abrió nuestra alma al reconocimiento de la belleza en la música de aquellos años y fue poniendo el hormigón de unos cimientos sobre los que luego habríamos de seguir colocando los ladrillos de nuevos retos, problemas, alegrías, etc.
Las gracias se dan a las personas concretas, no se dan ni a las cosas ni a los conceptos abstractos. Por eso es de justicia y de caridad agradecer a nuestros profesores todo lo que hicieron por nosotros. ¡Pero no solo! Recordemos en el Evangelio lo que hizo el único leproso curando que volvió a su origen. Volvió para darle gracias a Dios. Porque me atrevo a decir que solamente abriendo el agradecimiento a lo trascendente, a Dios, es posible reconocer un sentido pleno a lo vivido, a lo que ahora vivimos y a lo que viviremos en el futuro y en la vida eterna.

También la educación que recibimos aquí, como el ejemplo de las canciones en inglés, apuntaba hacia un más allá que encuentra respuesta en Dios. También aquí, en el Armelar, intentaron que fuésemos como el leproso curado y agradecido.
Y por eso yo quisiera hacer mi acción de gracias personal en voz alta:
Te doy gracias Jesús por este día especial que nos regalas en este lugar tan especial para nuestras vidas. Muchas gracias por todos los profesores que fuiste poniendo en nuestro camino y por todo lo que recibimos de ellos. Y gracias Jesús por todos los compañeros que me regalaste, yo no elegí a ninguno de ellos pero los reconozco como un regalo tuyo.
Aquí aprendí a hacer amigos y tu palabra nos enseña que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Así que te doy muchas gracias Jesús por tantos amigos que me regalaste. Te pido perdón porque quizá no supe cuidarlos como debiera, pero en la amistad hay algo de eternidad que estoy seguro que disfrutaré en la vida eterna.
Y te doy gracias por el tesoro de la fe que me regalaste desde niño. Aunque también te pido perdón por los momentos de mi vida en que pude dejarla de lado. Te agradezco la ayuda que en este sentido recibí del colegio. Aquí recibí el sacramento de la Confirmación, aquí en esta capilla celebré la misa siendo niño con el padre Pepe y el padre Salvador. Y te agradezco el don inmerecido del sacerdocio que me hiciste hace nueve años. Reconozco que en este don hay una parte que se la debo a todo lo vivido aquí en el colegio.
Gracias Señor por los nueve años de ministerio sacerdotal en Madrid y muchas gracias Señor por el inesperado y nuevo regalo que me haces a partir del domingo de la semana que viene, cuando marcharé sin billete de vuelta a anunciar Tu Nombre a Japón.
¡Gracias Jesús!
El agradecimiento a Dios es un camino de salvación, de vida eterna. Por eso os propongo ahora que hagamos un momento de silencio y que, en lo secreto del corazón, cada uno agradezca a Dios lo vivido y especialmente lo vivido aquí en el colegio.
Ofrecimos la misa por los profesores y alumnos difuntos: Lino, Pepa, María Jesús, Mercedes, María Joaquina, César, Paqui y Juan.



Gracias Jose Ramon por esa homilia tan Preciosa Soy la madre de un compañero tuyo ( Carlos Puig) Me ha emocionado , reza por todos ellos. Por mi parte acabo de reenviarla a un grupo de siete amigas q estamos juntas desde el colegio con 5 años y q tb rezamos juntas. Q tengas mucha suerte en tu nuevo destino
Muchas gracias Amparo.
¡La madre de Carlos!
Me hizo mucho ilusión poder darle un abrazo el sábado pasado.
Ha sido un regalo De Dios poder despedirme de todos ellos antes de mi marcha.