RECONOCE A CRISTO HERIDO; ACTÚA CON SU ACEITE DE CONSUELO
Comentario al Evangelio del 2025-10-06
Lunes XXVII semana del Tiempo Ordinario
Hoy Jesús nos cuenta la parábola del buen samaritano y, la verdad, nos pone un espejo. Él es el que se acerca, nos ve tirados en el michi y, con aceite y vino, nos limpia y nos cura: es su aceite del consuelo. Nos monta en su cabalgadura y nos lleva a una posada, como quien te reserva un ryokan del alma para que descanses y sane. Como en el kintsugi, donde una grieta no se esconde sino que se rellena con algo valioso, Jesús no borra nuestras fracturas; las convierte en lugar de luz.
Pero, mira, también es el hombre herido que nos pide amor. En cada necesitado late su Cuerpo. Descubrir el Cuerpo de Cristo en el caído lo cambia todo: ya no calculamos, nos acercamos. En Japón se habla de omotenashi, una hospitalidad que toma la iniciativa, y de omoiyari, esa atención que se adelanta al dolor del otro. Es el gesto del samaritano.
¿Y la oración? No es mirarnos a nosotros mismos. Es diálogo con Dios donde Él lleva la voz primera: “Señor, muéstrame al herido y dame tu corazón”. Entonces el camino se vuelve kakehashi, un puente entre su amor y la necesidad del mundo.
Anda, haz tú lo mismo: practica tu pequeño osettai hoy. Llama a alguien solo, comparte tiempo o pan, cura una herida con palabras y hechos. Y, si tú eres el herido, deja que Cristo, a través de su Iglesia, te levante.





