EL AMOR ES LA CIMA; LA LEY FLORECE EN LA MISERICORDIA
Comentario al Evangelio del 2025-10-31
Viernes de la Semana XXX del Tiempo Ordinario
En casa del fariseo, en sábado, todos miran a Jesús. Él mira al enfermo. Y la pregunta corta el aire: “¿Es lícito curar en sábado?”. El silencio delata un corazón atrapado por el legalismo. Jesús nos enseña la cima: el amor. La ley no se anula; encuentra su raíz. Obedecer, sí, pero sin olvidar el rostro del que sufre. Por eso recuerda algo sencillo: si rescatas a tu asno en sábado, ¿cómo no tender la mano a un hermano? Gracias, Señor, por tus palabras.
Pienso en giri (deber) y ninjo (sentimiento humano) en la tradición japonesa. Cuando el giri aplasta al ninjo, el corazón se enfría. Jesús devuelve el equilibrio: el amor guía al deber. Y me viene omotenashi (hospitalidad): no es protocolo frío, es atención viva que se adelanta a la necesidad. Las normas son como la cerámica que da forma; la misericordia es como el kintsugi, ese oro que une y embellece las grietas. Sin amor, todo se cuartea.
¿Y la oración? No es mirarme a mí mismo. Es diálogo con Dios donde Él lleva la iniciativa: Señor, tú primero; yo escucho. Desde ahí se ordena el juicio. Hoy, antes de aplicar una regla en casa o en el trabajo, detente y pregunta: ¿qué necesita esta persona? Da un paso concreto: flexibiliza un horario, llama, escucha. Y reza: Señor, enséñame a obedecer amando.





