EN EL CIELO, TRANSFORMADOS POR EL AMOR DE DIOS, VIVIREMOS UNA COMUNIÓN ETERNA CON TODOS.
Comentario al Evangelio del 2025-11-22
Sábado de la Semana XXXIII del Tiempo Ordinario
Hoy Jesús nos abre una ventana al cielo, y lo hace respondiendo a una pregunta trampa de los saduceos. Me recuerda a cuando en Japón se habla del shikyo – el mundo de los muertos – como algo separado y distante. Pero Jesús nos muestra algo completamente diferente: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
En nuestra vida terrenal, el matrimonio es un sacramento maravilloso que nos ayuda a crecer en amor y a formar familia. Pero en el cielo, algo maravilloso sucederá: ya no necesitaremos estos signos sacramentales porque veremos a Dios cara a cara. Es como cuando en la ceremonia del té japonesa, todo el ritual y la preparación nos llevan a un momento de profunda conexión, pero una vez alcanzado ese estado de armonía, la belleza está en la experiencia misma, no en los pasos previos.
Esto no significa que nuestros seres queridos desaparezcan de nuestra vida eterna. Al contrario, en el cielo la comunión será más profunda y auténtica, porque estaremos todos unidos en Dios. Imagina una gran familia donde cada relación se purifica y perfecciona en el amor divino.
Hoy, toma un momento para agradecer a Dios por las personas que amas, sabiendo que en el cielo esa relación se transformará en algo aún más hermoso, libre de todo límite y dolor.





