DIOS SE SUMERGE EN NUESTRAS AGUAS PARA LEVANTARNOS
Comentario al Evangelio del 2026-01-11
Bautismo del Señor (Año A)
¿Alguna vez te has sentido indigno, como Juan el Bautista? Él reconoció que Jesús era mayor que él, y sin embargo, Jesús insistió en ser bautizado. ‘Déjalo ahora; conviene que así cumplamos toda justicia’. Jesús, libre de pecado, decide sumergirse en las mismas aguas que los pecadores. Se coloca a nuestro lado, asume nuestra humanidad con todas sus grietas.
En Japón existe una tradición llamada kintsugi: cuando una pieza de cerámica se rompe, la reparan con laca mezclada con oro, haciendo visible la historia de la fractura. La pieza no solo se restaura, sino que gana una belleza única. De manera similar, Jesús no viene a esconder nuestras fragilidades, sino a unirse a ellas. Él se sumerge en nuestras aguas turbias para, desde dentro, transformarlas.
Dios no nos observa desde lejos. Se mete en el barro de nuestra existencia, hasta la Cruz. Y en ese gesto, el Padre proclama: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco’. Dios se complace en Jesús que se solidariza con nosotros.
Hoy, quizá te sientas roto, indigno. Recuerda: Dios ya ha bajado a tu río Jordán. Te invito a dar gracias por este encuentro, y a mirar tus heridas con esperanza: son el lugar donde Dios decide encontrarse contigo.





