LA ORACIÓN MATUTINA: DONDE LA MISIÓN ENCUENTRA SU FUENTE
Comentario al Evangelio del 2026-01-14
Miércoles de la 1.ª semana del Tiempo Ordinario
¿Te has preguntado alguna vez cómo oraba Jesús? Hoy el Evangelio nos regala una escena íntima: después de un día agotador curando enfermos y predicando, Jesús se levanta cuando todavía es de madrugada y busca un lugar solitario para orar. Me llama la atención esa necesidad profunda de conectar con el Padre. No es solo un momento de recogimiento; es cultivar esa unidad perfecta que tienen. Los discípulos debían mirarlo con admiración. Tanto, que en otra ocasión le pidieron directamente: ‘Señor, enséñanos a orar’. Y eso, ¿sabes? Es una petición que también nosotros podemos hacer. ‘Dios, enséñame a orar’.
En Japón existe una tradición llamada ‘asa no o-kikō’, que podríamos traducir como ‘el espíritu de la mañana’. Muchas personas se levantan temprano para dedicar tiempo a lo que realmente importa. Jesús nos invita a algo parecido: a hacer de las primeras horas un espacio para Dios, un ‘ma’ –esa pausa intencional tan valorada aquí– donde Él tenga la palabra.
Porque la oración no es solo nosotros hablando. Es, sobre todo, escuchar. Es darle a Dios la primacía, permitir que Él nos hable en el silencio. Desde esa conexión, Jesús encontraba la fuerza y la dirección para su misión. Así también nosotros, desde la oración, descubrimos cómo servir a los demás.
Hoy, te propongo algo concreto: mañana, levántate solo 10 minutos antes. Busca un rincón tranquilo y di sencillamente: ‘Señor, enséñame a orar’. Y luego, escucha. Deja que Él llene ese ‘ma’ con su presencia.





