LA FE ABRE PUERTAS DONDE EL PREJUICIO LAS CIERRA
Comentario al Evangelio del 2026-02-04
Miércoles de la IV semana del Tiempo Ordinario
¿Te ha pasado alguna vez que, por creer que ya conoces bien a alguien, te pierdes lo más profundo de su corazón? Esto mismo le sucedió a Jesús en Nazaret. La gente de su pueblo lo veía solo como ‘el carpintero, el hijo de María’, y esa familiaridad les impidió reconocer al Hijo de Dios que estaba ante ellos. Se preocuparon más por inspeccionar su árbol genealógico que por escuchar su mensaje transformador.
En Japón existe el concepto de ‘uchi’ (el interior, lo de casa) y ‘soto’ (lo exterior). A veces, nuestro ‘uchi’ se vuelve tan cerrado que no dejamos entrar nada nuevo, ni siquiera a Dios cuando viene de formas inesperadas. Nos aferramos a lo conocido, a los prejuicios, y así bloqueamos la posibilidad del milagro.
Jesús mismo se admiraba de su incredulidad. La fe es un regalo que Dios ofrece a todos, pero necesita un corazón dispuesto, como una tierra fértil. No se trata de tener una fe perfecta, sino de estar abiertos, de decir: ‘Señor, ayúdame a creer’. La oración es ese diálogo donde nosotros hablamos, pero sobre todo escuchamos, porque Dios tiene la primacía.
Hoy, ¿qué prejuicios te impiden reconocer la acción de Dios en tu vida? Da un paso de apertura. Deja que Dios te sorprenda, incluso en lo ordinario. Él quiere obrar maravillas, pero necesita tu sí, por pequeño que sea.


