Evangelio
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose, el tentador le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.” Pero él respondió: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.’”
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo puso en el alero del Templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles ha dado órdenes acerca de ti, y te sostendrán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra.’” Jesús le dijo: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios.’”
De nuevo lo lleva el diablo a un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: “Todo esto te daré, si, postrándote, me adoras.” Entonces le dice Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto.’” Entonces el diablo lo dejó, y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.
Reflexión
En este primer domingo de Cuaresma, contemplamos a Jesús en el desierto, enfrentando las tentaciones tras su bautismo. Este pasaje no es solo un relato histórico, sino un espejo de nuestra propia lucha espiritual, donde el ayuno y la oración nos preparan para discernir la voz de Dios entre los ruidos del mundo. Jesús, en su humanidad plena, experimenta el hambre física, pero nos revela que nuestra verdadera saciedad proviene de alimentarnos con su Palabra, que nutre el alma más allá de lo material. En Japón, donde la cultura valora profundamente la disciplina, el silencio y la búsqueda de significado en medio de la vida moderna, este Evangelio resuena con fuerza. Así como en la tradición japonesa se cultiva la paciencia en el arte del bonsái o la ceremonia del té, la Cuaresma nos invita a podar nuestras distracciones y centrarnos en lo esencial: adorar solo a Dios, rechazando los falsos ídolos del poder, el éxito o la comodidad. Aplicando esto, hoy podemos buscar momentos de silencio para escuchar la Palabra, fortalecer nuestra oración y examinar qué ‘piedras’ en nuestra vida intentamos convertir en pan, confiando en que, como a Jesús, los ángeles del cielo nos sostendrán en la fidelidad.

