Published On: 1 de marzo de 2026410 words2,1 min read

Evangelio

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos; su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve. Y, de pronto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y de la nube salió una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron rostro en tierra y se llenaron de gran temor. Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Reflexión

En este segundo domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a subir al monte con Pedro, Santiago y Juan para contemplar el misterio de la Transfiguración. Jesús, camino a Jerusalén donde enfrentará la Pasión, revela anticipadamente su gloria divina a sus discípulos, mostrando que la cruz no es el final, sino el camino hacia la resurrección. Esta experiencia en el monte no es una evasión de la realidad, sino una revelación profunda que da sentido al sufrimiento: la luz de la eternidad brilla en medio de nuestra humanidad frágil. En la cultura japonesa, donde la belleza efímera del sakura enseña a valorar lo transitorio con profundidad espiritual, la Transfiguración nos recuerda que nuestros momentos de dolor y oscuridad están impregnados de la presencia divina que transforma todo en gracia. Como los discípulos, somos llamados a escuchar a Jesús, a confiar en su palabra cuando el camino se hace arduo, y a mantener la mirada fija en la gloria prometida que ya resplandece en los sacramentos y en la caridad fraterna. Que esta Cuaresma sea un tiempo de verdadera transformación interior, donde permitamos que la luz de Cristo transfigure nuestras sombras en caminos de santidad.

Leave your comment

Related posts