Published On: 2 de marzo de 2026275 words1,4 min read

Evangelio

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida y rebosante pondrán en vuestro regazo; porque con la medida con que midáis se os medirá a vosotros.

Reflexión

Hoy el Señor nos invita a sumergirnos en la lógica divina de la misericordia, que no es un simple intercambio de favores, sino la esencia misma de nuestra relación con Él. Jesús nos revela que cada gesto de amor, perdón o generosidad hacia nuestro prójimo es, en realidad, un encuentro directo con Dios; y cada omisión, un alejamiento de Su presencia. Esta verdad transforma radicalmente nuestra existencia, pues nos hace comprender que la vida eterna no es un destino lejano, sino que se teje aquí y ahora, en la calidad de nuestros vínculos humanos. En la cultura de Japón, donde la armonía social (和, ‘wa’) y el respeto por el otro son pilares fundamentales, podemos ver un reflejo de esta enseñanza: la atención meticulosa al bienestar ajeno, la paciencia ante el error y el perdón silencioso que restaura la paz, son caminos concretos para vivir esta misericordia. Cada acto de compasión, como el perdón en una disputa o la ayuda al necesitado, es una semilla de eternidad. Pidamos al Espíritu Santo la gracia de ver a Cristo en cada rostro, y de medir nuestra vida con la medida infinita del amor divino, que todo lo perdona y todo lo da.

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