Published On: 3 de marzo de 2026383 words1,9 min read

Evangelio

Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Por tanto, haced y observad todo lo que os digan; pero no imitéis sus obras, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Todo lo hacen para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos de sus mantos; aman los primeros puestos en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas, los saludos en las plazas y que los llamen “rabí”. Pero vosotros no os dejéis llamar “rabí”, porque uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis “padre” a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “maestros”, porque uno solo es vuestro Maestro: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Reflexión

En este pasaje, Jesús nos confronta con una verdad profunda sobre la autenticidad de nuestra fe. Critica a los fariseos no por su enseñanza, sino por la hipocresía de exigir a otros lo que ellos no viven, buscando reconocimiento humano en lugar de la gloria divina. Su mensaje va más allá de una simple corrección: revela que el Reino de Dios se construye desde la humildad y el servicio desinteresado, donde la verdadera autoridad nace del amor entregado sin reservas. En Japón, donde la cultura valora profundamente la armonía social y el respeto a la tradición, podemos encontrar un eco de esta enseñanza en conceptos como ‘omotenashi’, la hospitalidad sincera que sirve sin esperar nada a cambio. Sin embargo, Jesús nos llama a trascender incluso estas nobles virtudes, recordándonos que nuestro único Maestro es Cristo, y que la humildad no es debilidad sino la fuerza transformadora que nos une como hermanos. Hoy, en medio de un mundo que idolatra el éxito visible, pidamos la gracia de servir en lo oculto, confiando en que Dios enaltece a quienes se vacían por amor.

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