Published On: 20 de marzo de 2026351 words1,8 min read

Evangelio

Después de esto, Jesús recorría Galilea; pues no quería andar por Judea, porque los judíos buscaban matarlo. Se acercaba la fiesta de los judíos, la fiesta de las Tiendas.

Pero cuando sus hermanos subieron a la fiesta, entonces también él subió, no abiertamente, sino como de incógnito.

Entonces algunos de Jerusalén decían: «¿No es éste al que buscan matar? Mirad cómo habla abiertamente y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero nosotros sabemos de dónde es; cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Entonces Jesús, enseñando en el Templo, clamó: «A mí me conocéis y sabéis de dónde soy; y no he venido por mi cuenta, sino que es veraz el que me ha enviado, a quien vosotros no conocéis. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y él me ha enviado». Querían entonces arrestarlo, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Reflexión

Hoy el Evangelio nos muestra a Jesús caminando con prudencia pero con determinación hacia su destino, consciente de las amenazas pero fiel a la voluntad del Padre. En medio del peligro, Él revela la profunda intimidad que sostiene su misión: «Yo sí lo conozco, porque vengo de él». Esta confianza radical no es evasión, sino entrega total que transforma incluso el miedo en obediencia amorosa. En Japón, donde la cultura valora profundamente la perseverancia silenciosa (gaman) y el cumplimiento del deber (giri), podemos ver un reflejo humano de esta fidelidad. Como los artesanos que durante años perfeccionan su técnica con paciencia infinita, o como aquellos que reconstruyen tras desastres naturales con esperanza tenaz, estamos llamados a mantenernos firmes en nuestra vocación cristiana incluso cuando no comprendemos el camino. Hoy, pidamos la gracia de reconocer en nuestras propias luchas esa misma presencia divina que sostuvo a Jesús, transformando cada dificultad en encuentro con el Padre que nos envía.

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