Published On: 14 de abril de 2026329 words1,6 min read

Evangelio

No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El Espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así sucede con todo el que ha nacido del Espíritu. Nicodemo replicó: «¿Cómo pueden suceder estas cosas?». Jesús le respondió: «¿Tú eres maestro en Israel y no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, y no aceptáis nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo vais a creer si os hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Reflexión

En este diálogo con Nicodemo, Jesús nos revela el misterio del renacer espiritual, donde el Espíritu Santo actúa con libertad divina, invitándonos a una transformación profunda que trasciende nuestra comprensión humana. Este ‘soplo impredecible’ nos llama a abandonar nuestras seguridades y abrirnos confiadamente a la acción de Dios, que siempre busca nuestro bien supremo, aunque su camino nos parezca inesperado. En la cultura japonesa, donde la armonía y el orden son valores fundamentales, este mensaje resuena profundamente: así como en la ceremonia del té cada encuentro es único e irrepetible, el Espíritu nos invita a vivir cada momento con apertura a la novedad divina, confiando en que Dios escribe nuestra historia con trazos de gracia. Hoy, dejémonos sorprender por el Espíritu, renunciando a nuestros esquemas rígidos para nacer de nuevo en la confianza de que su soplo, aunque misterioso, nos conduce a la vida eterna.

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