Evangelio
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como el Padre que vive me envió y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que baja del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que come este pan vivirá para siempre.”
Reflexión
Hoy el Evangelio nos presenta un diálogo profundo donde Jesús revela el misterio eucarístico con palabras que desconcertaron a sus oyentes: ‘Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida’. Los judíos discutían entre sí, incapaces de trascender la interpretación literal, mientras Jesús les invitaba a una comunión transformadora que supera toda comprensión humana. Este pasaje nos recuerda que la fe a menudo nos lleva a territorios donde la razón se queda corta, donde debemos confiar en el amor de Dios más que en nuestro entendimiento limitado. En la cultura de Japón, donde la ceremonia del té representa una profunda conexión espiritual a través de un acto sencillo, podemos vislumbrar cómo lo ordinario se vuelve sagrado. La Eucaristía, como ese té ceremonial, transforma elementos cotidianos en encuentros divinos que alimentan el alma. San Fidel de Sigmaringa, cuyo martirio celebramos hoy, comprendió que permanecer fiel a Cristo, incluso sin entender completamente todos los misterios, es el camino hacia la verdadera vida. En nuestra vida diaria, cuando participamos de la Santa Misa, estamos uniéndonos a ese mismo misterio que alimentó a los mártires. Te invito hoy a acercarte a la Eucaristía con el corazón abierto de San Pedro, confiando que en ese Pan de Vida encontrarás la fuerza para tu jornada y la promesa de la resurrección.





