Published On: 5 de mayo de 2026340 words1,7 min read

Evangelio

Si me conocierais, conoceríais también a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le dijo: «¿Tanto tiempo estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi cuenta; el Padre, que permanece en mí, es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores hará, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Reflexión

Querido hermano, hoy celebramos a San Atanasio, defensor incansable de la divinidad de Cristo. El Evangelio nos muestra a Felipe, que ha estado con Jesús pero aún pide ver al Padre. No es falta de amor, sino la inmensidad de un misterio que supera nuestra comprensión. Jesús le responde con ternura: ‘Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre’. En Japón, donde la cortesía y la reserva a veces ocultan el corazón, esta invitación es crucial: Dios se revela en la humanidad de Jesús, en cada gesto de servicio y verdad. No necesitamos visiones extraordinarias; basta mirar a Cristo en la Eucaristía, en la Palabra y en el prójimo. Hoy, pregúntate: ¿reconozco a Dios en lo cotidiano? ¿Confío en que Jesús es el rostro del Padre? Ábrete a esa presencia y pide en su nombre, seguro de que Él obra.

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