Published On: 9 de mayo de 2026313 words1,6 min read

Evangelio

Si el mundo los odia, sepan que a mí me odió primero. Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, sino que yo los elegí del mundo, por eso el mundo los odia. Acuérdense de la palabra que les dije: No es el siervo más que su señor. Si me persiguieron a mí, también a ustedes los perseguirán; si guardaron mi palabra, también guardarán la de ustedes. Pero todo esto les harán por causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.

Reflexión

Jesús nos prepara para la partida con una verdad incómoda: el discípulo no es más que el Maestro. Si a Él lo persiguieron, también a nosotros nos perseguirán. Esta advertencia no es para desanimarnos, sino para fortalecernos en la fe. El odio del mundo es señal de que pertenecemos a Cristo, no al mundo. A lo largo de la historia, los mártires han dado testimonio de esta verdad, y hoy nosotros estamos llamados a vivirla en lo cotidiano. En Japón, tierra de samuráis y de una cultura del honor, el cristianismo fue perseguido durante siglos. Los kakure kirishitan (cristianos ocultos) mantuvieron viva su fe en secreto, arriesgando la vida. Su ejemplo nos enseña que la fidelidad a Cristo vale más que la aceptación social. También nosotros, en nuestro entorno, podemos experimentar rechazo por vivir el Evangelio: en el trabajo, en la familia o entre amigos. Pero no estamos solos: Cristo nos precede y nos da su Espíritu. Ante el odio, respondamos con amor y perdón, como Él hizo. No busquemos la venganza, sino la conversión del corazón. Que nuestra vida sea un reflejo de la luz de Cristo que brilla en las tinieblas.

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