Published On: 19 de mayo de 2026410 words2,1 min read

Evangelio

Yo ya no estoy en el mundo; ellos, en cambio, están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando yo estaba con ellos, yo los guardaba en tu nombre, el que me has dado; los protegí, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos la plenitud de mi gozo. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así también yo los he enviado al mundo. Y por ellos me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

Reflexión

Hoy, la oración sacerdotal de Jesús nos introduce en el diálogo íntimo entre el Padre y el Hijo. Jesús, consciente de partir, pide al Padre que guarde a sus discípulos en la unidad. Es un llamado a vivir en comunión, reflejo de la Trinidad. Esta unidad no es mera concordia externa, sino participación en la vida divina. Jesús nos consagra en la verdad, su Palabra. En medio del odio del mundo, debemos permanecer santificados. La unidad es don y tarea; somos enviados al mundo sin pertenecer a él. Como católicos, estamos llamados a ser signo de unidad, especialmente hoy, cuando las guerras dividen. En Japón, una cultura que valora la armonía (wa) y el respeto, este mensaje resuena profundamente. Sin embargo, la unidad cristiana trasciende la simple cortesía: es comunión en Cristo. Los católicos japoneses, minoría en un contexto budista y sintoísta, viven esta consagración en medio de una sociedad que a menudo ignora a Dios. Su testimonio de unidad en la fe, a pesar de las diferencias, es un faro. Que nos comprometamos a ser instrumentos de unidad. Hoy, podemos rezar por la paz, perdonar una ofensa o buscar reconciliación en nuestra familia o comunidad. Así, reflejamos la oración de Jesús.

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