Evangelio
Han oído que se dijo a los antiguos: “No perjurarás; cumplirás al Señor tus juramentos.” Pero yo les digo: no juren en modo alguno: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que su palabra sea: “Sí”, cuando es sí; “No”, cuando es no; lo que pasa de esto procede del Maligno.
Reflexión
San Antonio de Padua, doctor de la Iglesia, nos recuerda que la verdad no necesita juramentos. Jesús nos pide un ‘sí’ o ‘no’ sincero, porque toda verdad viene de Dios. Al renunciar a las promesas grandiosas, aceptamos nuestra limitación. La tentación de jurar surge de la inseguridad. Queremos garantizar nuestra palabra con algo mayor, pero Jesús nos recuerda que nada está bajo nuestro control absoluto. La honestidad radical implica reconocer que nuestras acciones deben reflejar la verdad de Dios. En un mundo de engaños, el cristiano está llamado a ser luz con su simple ‘sí’. En Japón, la cultura del ‘honne’ y ‘tatemae’ distingue entre sentir verdadero y apariencia. Jesús nos invita a superar esa dualidad. San Antonio mostró que la verdad no teme al diálogo. Los japoneses valoran la confianza a largo plazo; un ‘sí’ claro construye relaciones. El Evangelio nos reta a vivir con coherencia. Hoy, elige decir ‘sí’ o ‘no’ con claridad. Evita excusas. Ofrece tu palabra como un don. Sé testigo de la verdad en cada conversación.



