Evangelio
Han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo les digo: no hagan frente al que es malo; al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. Y si uno te obliga a ir mil pasos, ve con él dos mil. A quien te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.
Reflexión
Vivimos en un mundo donde el lema ‘ojo por ojo’ ha quedado obsoleto, reemplazado por una escalada de violencia que solo genera más odio y división. Jesús, en cambio, nos ofrece una lógica radical: vencer el mal con el bien, presentando la otra mejilla y caminando la milla extra. No es debilidad, sino la fuerza del amor que desarma al enemigo y rompe el ciclo de la venganza. En Japón, la cultura de la armonía (wa) valora la paz social, pero el Evangelio nos llama a una reconciliación profunda, incluso con quienes nos persiguen. Los mártires japoneses, como San Pablo Miki y sus compañeros, crucificados en Nagasaki, testimoniaron que la fe vence al odio: perdonaron a sus verdugos, mostrando que la gracia de Cristo transforma la historia. Hoy, cada uno está llamado a vivir esta radicalidad en lo cotidiano: cuando alguien te insulta, responde con bondad; cuando te exijan más de lo justo, da generosamente; cuando te hieran, perdona de corazón. Este es el camino de la verdadera paz, que comienza en el corazón y se extiende a la sociedad. Señor, danos la valentía de amar como Tú nos amas, hasta el extremo.





