Evangelio
Llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Reflexión
Hoy celebramos a los santos Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia. En el Evangelio, Jesús lanza una pregunta que trasciende los siglos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con fe: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Esta confesión no proviene de la carne ni de la sangre, sino de la revelación del Padre. Esa misma pregunta resuena hoy en nuestros corazones, invitándonos a tomar postura. No es una cuestión teórica; es el centro de nuestra vida. Si Cristo es la respuesta plena a nuestros anhelos más profundos, entonces nuestra respuesta determina nuestro camino. En Japón, una tierra de múltiples religiones y búsquedas espirituales, esta pregunta adquiere un matiz especial: ¿Quién es Jesús en medio del Budismo y Sintoísmo? Los católicos japoneses, herederos de mártires, nos enseñan que la fe es un don que se acoge y se testimonia incluso en la adversidad. Como Pedro, debemos confesar a Cristo con valentía. En nuestro día a día, podemos preguntarnos: ¿Reconocemos a Jesús como Señor en nuestras decisiones, trabajos y relaciones? Pidamos al Señor que aumente nuestra fe para responder como Pedro: Tú eres el Cristo. Y que, como Pablo, anunciemos el Evangelio sin miedo. La respuesta de hoy define nuestra eternidad.


