Evangelio
No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando me haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo esté, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, sabéis el camino.
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais, conoceríais también a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le dijo: «¿Tanto tiempo estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi cuenta; el Padre, que permanece en mí, es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores hará, porque yo me voy al Padre.
Reflexión
Querido hermano, en este Quinto Domingo de Pascua, el Evangelio nos invita a dejar de lado la turbación y a confiar plenamente en Jesús, quien se revela como el Camino, la Verdad y la Vida. En un mundo como Japón, donde la búsqueda de armonía y perfección a menudo lleva a la ansiedad, Jesús nos ofrece una certeza: Él es el camino seguro hacia el Padre. No es un camino de esfuerzo humano, sino de entrega confiada. Al igual que Tomás y Felipe, nosotros también deseamos ver a Dios, pero Jesús nos recuerda que verlo a Él es ver al Padre. En la cultura japonesa, donde el respeto y la relación son fundamentales, esta intimidad con Dios a través de Cristo nos llama a una relación personal y transformadora. Agradezcamos porque Jesús sacia nuestros anhelos más profundos: nos da dirección, nos revela la verdad sobre nosotros y el mundo, y nos regala la vida eterna. Hoy, en medio de tus ocupaciones, detente un momento y repite: ‘Señor, tú eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida’. Vive esta confianza en cada decisión, sabiendo que caminas hacia el Padre.




