Published On: 17 de junio de 2026323 words1,6 min read

Evangelio

Al orar, no multipliquen las palabras como los paganos, que piensan ser escuchados por su palabrería. No los imiten, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de pedírselo. Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. Porque si ustedes perdonan a los hombres sus faltas, también su Padre celestial les perdonará a ustedes; pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará sus faltas.

Reflexión

Jesús nos regala el Padre Nuestro, una oración que no es mera repetición sino un camino de confianza filial. Nos invita a dirigirnos a Dios como Padre, reconociendo que Él conoce nuestras necesidades antes de pedírselas. En las siete peticiones resumimos todo anhelo humano: santidad, Reino, pan, perdón y protección. Aprendemos que la oración no informa a Dios, sino que nos transforma a nosotros, alineando nuestro corazón con su voluntad.

En Japón, donde el silencio y la cortesía son valores profundos, el Padre Nuestro puede resonar como una invitación a la intimidad con Dios, más allá del formulismo. Muchos japoneses buscan paz interior en medio del estrés laboral; esta oración enseña a confiar en un Padre que provee antes de que pidamos. La brevedad de la oración contrasta con la palabrería, recordando que lo esencial es la actitud del corazón.

Hoy, reza el Padre Nuestro despacio, sintiendo cada palabra. Perdona a alguien de corazón, como signo de que has recibido el perdón divino. Así, tu oración se hará vida.

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