Evangelio
Y en aquel día, no me pedirán nada. Amén, amén, les digo: si le piden algo al Padre en mi nombre, él se lo dará. Hasta ahora, no han pedido nada en mi nombre. Pidan, y recibirán, para que su alegría sea colmada. Les he dicho estas cosas en parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré en parábolas; sino que les anunciaré abiertamente acerca del Padre. En aquel día, pedirán en mi nombre, y no les digo que yo rogaré al Padre por ustedes. Pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado a mí, y porque han creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo el mundo y me voy al Padre.
Reflexión
Jesús nos revela el secreto de la oración cristiana: pedir al Padre en su nombre. No se trata de una fórmula mágica, sino de confiar en que el Padre nos ama personalmente. En la cultura japonesa, el respeto y la armonía son fundamentales; sin embargo, a menudo callamos nuestras necesidades por miedo a molestar. Jesús nos invita a romper ese silencio: ‘Pidan, y recibirán’. La oración no es un deber, sino un diálogo filial. El Espíritu Santo nos enseña a pedir lo que realmente necesitamos: perdón, paz, fortaleza. En Japón, donde el trabajo y la familia exigen mucho, podemos aprender a llevar nuestras cargas al Padre con la confianza de un hijo. Pidamos hoy por la gracia de abrir nuestro corazón, sabiendo que el Padre nos escucha y nos da lo mejor: su amor y su alegría. Que nuestra oración no sea un monólogo, sino un encuentro que transforme nuestra vida.

