Evangelio
Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verlo, lo adoraron, aunque algunos dudaron. Y Jesús, acercándose, les habló, diciendo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos».
Reflexión
La Ascensión del Señor no es una despedida, sino la inauguración de nuestro propio camino hacia el cielo. Jesús, con su muerte y resurrección, abrió de nuevo las puertas que el pecado había cerrado. Hoy, al ascender, nos muestra que ese camino es posible para nosotros. Los discípulos, a pesar de sus dudas, lo adoran y reciben la misión: id y haced discípulos a todas las naciones. En Japón, donde a menudo se busca la trascendencia en medio del silencio y la naturaleza, esta fiesta nos recuerda que el cielo no es un lugar lejano, sino una presencia constante. Jesús promete estar con nosotros todos los días. Vivamos esta certeza compartiendo la fe con alegría, sabiendo que no estamos solos. Subamos con Él transformando nuestra vida en testimonio diario.

