Published On: 29 de mayo de 2026412 words2,1 min read

Evangelio

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en los cielos.

Reflexión

En un mundo que prometió felicidad material pero dejó vacío interior, el Evangelio de hoy resuena con fuerza. Jesús nos llama a ser sal y luz, a dar sabor y claridad donde hay insipidez y oscuridad. San Efrén, doctor de la Iglesia, supo con su poesía y teología iluminar las verdades de la fe. La sal sazona, conserva, da sabor; la luz disipa tinieblas, guía, revela. El cristiano, inmerso en la sociedad, está llamado a impregnar la realidad con la gracia de Cristo. Pero la sal puede perder su sabor si se diluye en el mundo sin testimonio; la luz se oculta bajo el miedo o la comodidad. Hoy, muchos jóvenes buscan sentido en ideologías pasajeras o placeres efímeros. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, ofrece el encuentro con Jesús, única respuesta plena al anhelo humano. No se trata de imponer, sino de irradiar con obras de caridad y verdad, como lámpara en el candelero. En Japón, donde el silencio cultural y la búsqueda de armonía a veces ocultan el vacío espiritual, los cristianos somos llamados a ser sal discreta pero eficaz. La luz de Cristo puede brillar en medio de templos y jardines zen, mostrando que la verdadera paz viene de la relación con el Padre. La paciencia y el testimonio humilde son clave en esta tierra de milenaria sabiduría, para que muchos descubran a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida. Pidamos a San Efrén la gracia de ser sal que no pierde su sabor y luz que no se oculta. Que nuestras obras, por pequeñas que sean, den gloria al Padre. Hoy, elige un acto concreto de servicio o de perdón, y ofrécelo como sal y luz en tu entorno.

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