Published On: 13 de julio de 2026328 words1,6 min read

Evangelio

Entonces comenzó a reprender a las ciudades donde se habían realizado muchos de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Por eso os digo: en el día del juicio, Tiro y Sidón serán tratadas con más indulgencia que vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás levantada hasta el cielo? Hasta el Hades bajarás; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros realizados en ti, quizá habría permanecido hasta el día de hoy. Por eso os digo: en el día del juicio, la tierra de Sodoma será tratada con más indulgencia que tú.»

Reflexión

Jesús reprende a las ciudades que presenciaron sus milagros y no se convirtieron. Es una advertencia para nosotros, que hemos recibido tantos dones: la Palabra, la Eucaristía, los sacramentos. La familiaridad con lo sagrado puede llevarnos a la indiferencia. Necesitamos una conversión continua, no como un esfuerzo humano sino como respuesta a la gracia.

En Japón, la cultura valora la perseverancia y el esfuerzo. Sin embargo, la conversión no es solo obra nuestra; es abrirnos al amor de Dios que nos transforma. Muchos católicos japoneses, aunque pocos, viven su fe con intensidad, conscientes de que cada sacramento es un don que exige respuesta. Como en las ciudades de Jesús, los milagros de la gracia abundan también en Japón: comunidades pequeñas pero fieles, testimonios de santidad.

Hoy, examinemos cómo respondemos a Dios. ¿Damos frutos de caridad, perdón, servicio? O nos quedamos en la comodidad? Propongamos un gesto concreto: visitar a un enfermo o rezar por alguien que necesita conversión. Que no nos pase como a Corazín: testigos de milagros sin cambio interior.

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