LA FE ABRE NUESTROS OJOS PARA VER A JESÚS, QUE ES LA VERDADERA LUZ.
Comentario al Evangelio del 2025-12-05
Viernes de la I Semana de Adviento
Hoy el Evangelio nos presenta a esos dos ciegos que, a pesar de no ver físicamente, tenían una visión espiritual muy clara. Reconocieron a Jesús como el Mesías, el Hijo de David, y le pidieron compasión. Me recuerda mucho al concepto japonés de ‘kokoro no me’ – el ojo del corazón. Esa capacidad de ver más allá de lo físico, de percibir la verdadera esencia de las cosas.
Jesús no les curó inmediatamente. Primero les hizo una pregunta fundamental: «¿Creéis que puedo hacer esto?» Era como si les dijera: ¿confiáis realmente en mí? ¿O solo queréis un milagro rápido? Su respuesta sincera – «Sí, Señor» – abrió el camino para el milagro.
Lo más hermoso es pensar que, cuando recuperaron la vista, lo primero que vieron fue el rostro de Jesús. Después de años de oscuridad, su primer encuentro visual fue con quien les había dado la luz. Esto nos habla de que la verdadera curación no es solo física, sino espiritual. Nos permite ver a Dios en nuestra vida, reconocer su presencia amorosa.
Hoy, en este Adviento, pidamos al Señor que cure nuestra ceguera espiritual. Que podamos verlo en los pequeños detalles del día a día, en las personas que nos rodean, en los momentos de silencio. Y como esos ciegos curados, no podemos callar lo que hemos experimentado. Compartamos con otros la alegría de haber encontrado a Jesús.
Hoy, toma un momento para cerrar los ojos y pedir a Dios: «Señor, que mis ojos espirituales se abran para verte a ti en todo».





