Published On: 10 de enero de 2026330 words1,7 min read

LA VERDADERA ALEGRÍA: QUE JESÚS CREZCA Y NOSOTROS DISMINUYAMOS

Comentario al Evangelio del 2026-01-10

12 de enero o el sábado después de la Epifanía del Señor

Qué difícil a veces, ¿verdad? Ver cómo otros reciben reconocimiento mientras nosotros pasamos desapercibidos. Los discípulos de Juan Bautista se inquietan precisamente por eso: ‘Rabí, todos acuden a Jesús, el que tú testimoniaste’. Pero Juan responde con una sabiduría que nos interpela: ‘Es preciso que él crezca y que yo disminuya’. Imagina la escena: Juan había atraído multitudes, había preparado el camino, y ahora da un paso al lado con alegría. Se compara con el amigo del esposo, que se llena de gozo al escuchar la voz del esposo. Su misión no era brillar él, sino señalar a Cristo.

En la cultura japonesa hay un concepto llamado ‘enryo’ – esa actitud de modestia, de no imponerse, de saber ceder el espacio. No es falsa humildad, sino una forma de armonía. Juan practica un ‘enryo’ espiritual: reconoce que todo don viene del cielo, que su papel era preparar, no ser el protagonista. Y eso lo colma de alegría.

En nuestra vida de fe, a veces caemos en la tentación de querer ser ‘los mejores’ – en oración, en servicio, en conocimiento. Pero la oración verdadera es un diálogo donde Dios tiene la primacía. No se trata de técnicas para sentir paz interior, sino de escuchar a Aquel que nos habla. Hoy podríamos preguntarnos: ¿Dónde busco yo ser el centro? ¿En mi trabajo, en mi familia, incluso en mi comunidad cristiana?

Te propongo un gesto concreto: hoy, cede deliberadamente el protagonismo en alguna situación pequeña. Deja que otro brille, escucha sin corregir, agradece en silencio. Porque, como descubrió Juan, la alegría más profunda nace cuando dejamos que Jesús ocupe el lugar que le corresponde.

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