Published On: 6 de marzo de 2026523 words2,6 min read

Evangelio

Escuchad otra parábola: Había un hombre, cabeza de familia, que plantó una viña; la cercó con una valla, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó al extranjero. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores, apoderándose de los siervos, golpearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. De nuevo envió otros siervos, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo lo respetarán.’ Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero; venid, matémosle y tendremos su herencia.’ Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?” Le dicen: “A esos malvados les dará un fin miserable, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.” Jesús les dijo: “¿No habéis leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser piedra angular; esto ha sido hecho por el Señor y es maravilloso a nuestros ojos’? Por eso os digo: se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Y quien caiga sobre esta piedra quedará destrozado; y aquel sobre quien ella caiga, lo triturará.” Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que hablaba de ellos; y aunque buscaban prenderle, temieron a las multitudes, porque lo tenían por profeta.

Reflexión

Queridos hermanos, en este Viernes de Cuaresma, Jesús nos presenta una parábola que prefigura profundamente su Pasión. El dueño de la viña, que representa a Dios Padre, envía sucesivamente a sus siervos y finalmente a su propio Hijo, quien es rechazado y asesinado fuera de la viña. Esta imagen nos conmueve al reconocer en ese hijo expulsado a Cristo mismo, echado fuera de las murallas de Jerusalén para ser crucificado. La parábola nos invita a contemplar el misterio del rechazo divino que se transforma en piedra angular de nuestra salvación. En la cultura de Japón, donde la armonía social y el respeto a la tradición son valores fundamentales, podemos reflexionar sobre cómo a veces nuestras estructuras humanas, incluso las religiosas, pueden rechazar lo verdaderamente sagrado. Como los antiguos templos japoneses que se construyen sobre fundamentos ocultos pero esenciales, Cristo es esa piedra angular que sostiene todo, aunque inicialmente fue desechada. Durante esta Cuaresma, meditemos en la Pasión de Jesús no como un evento lejano, sino como un misterio que se actualiza en nuestros propios rechazos y sufrimientos. Al acompañar a Cristo en su dolor, permitimos que Él transforme nuestras heridas en espacios de gracia, haciendo de nuestras vidas viñas que den frutos de amor y misericordia para el Reino.

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