Published On: 10 de marzo de 2026471 words2,4 min read

Evangelio

Entonces se acercó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces?» Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Por eso el Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a ajustarlas, le presentaron a uno que le debía diez mil talentos; como no tenía con qué pagar, su señor ordenó venderlo, con su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se pagara la deuda. Pero aquel siervo, postrado, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Compadecido, el señor de aquel siervo lo dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir, aquel siervo encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios; lo agarró y, estrangulándolo, le decía: “Paga lo que debes”. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él no quiso; al contrario, fue y lo hizo encarcelar hasta que pagara la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Entonces su señor lo llamó y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero como yo me compadecí de ti?” Y, enojado, su señor lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Así hará también con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

Reflexión

En este pasaje del Evangelio, Jesús nos confronta con la desproporción abismal entre la deuda que tenemos con Dios y las ofensas que recibimos de los demás. La parábola del siervo despiadado nos revela que nuestra deuda con el Creador es infinita -como los diez mil talentos- mientras que las ofensas humanas son finitas -como los cien denarios-. Esta desproporción nos invita a una profunda reflexión espiritual: si Dios nos perdona una deuda imposible de pagar, ¿cómo podemos negar el perdón a quien nos ofende mínimamente? En la cultura japonesa, donde el concepto de ‘on’ (deuda de gratitud) estructura relaciones sociales, podemos comprender mejor esta enseñanza. El ‘on’ hacia los padres, maestros y la sociedad, aunque profundo, palidece ante la deuda infinita de amor que tenemos con Dios. Nuestra respuesta debe ser la gratitud perpetua y el perdón generoso, imitando la misericordia divina que recibimos gratuitamente. Hoy, examinemos nuestro corazón: ¿perdonamos como hemos sido perdonados? La Cuaresma nos llama a convertirnos en instrumentos de la misericordia que hemos recibido abundantemente.

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