Published On: 16 de marzo de 2026463 words2,3 min read

Evangelio

Pasados los dos días, salió de allí rumbo a Galilea. Jesús mismo había declarado que a un profeta no lo honran en su propia patria. Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Al oír que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le rogó que bajara y curara a su hijo, porque estaba a punto de morir. Jesús le dijo: «Si no ven señales y prodigios, no creen». El funcionario le dice: «Señor, baja antes de que muera mi niño». Jesús le responde: «Vete, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se puso en camino. Ya bajaba cuando le salieron al encuentro sus siervos, diciendo que su hijo vivía. Él les preguntó la hora en que había comenzado a estar mejor, y le dijeron: «Ayer, a la hora séptima, lo dejó la fiebre». El padre comprobó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su casa. Esta fue la segunda señal que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Reflexión

Hoy el Evangelio nos presenta un encuentro conmovedor entre Jesús y un padre angustiado, mostrando cómo la fe auténtica se manifiesta en medio del sufrimiento humano. El funcionario real, desesperado por la enfermedad mortal de su hijo, acude a Jesús con una súplica humilde pero llena de esperanza, demostrando que la verdadera fe no exige pruebas sino que se abandona confiadamente en la palabra del Señor. En nuestra vida diaria, especialmente en Japón, donde la cultura valora profundamente la armonía familiar y el cuidado de los ancianos y enfermos, este pasaje resuena con fuerza: nos recuerda que, ante las enfermedades y crisis familiares, nuestra primera respuesta debe ser acudir a Cristo con fe sencilla, confiando en que su palabra tiene poder sanador. La experiencia del funcionario, que creyó antes de ver la curación, nos enseña que la fe verdadera transforma nuestra perspectiva y nos permite reconocer la acción de Dios en los momentos más oscuros. En este tiempo de Cuaresma, pidamos al Señor que purifique nuestra fe de toda duda y nos conceda la confianza del padre que, sin ver milagros, creyó en la promesa de vida para su hijo.

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