Evangelio
Como el Padre me amó, así los he amado yo; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud.
Reflexión
Jesús nos invita a permanecer en su amor, un amor que es fuente de alegría plena. No se trata de una felicidad pasajera, sino de una profunda satisfacción que nace de la unión con Él. Guardar sus mandamientos no es una carga, sino el camino para mantenernos en ese amor, como Él mismo guardó los mandatos del Padre. Esta alegría plena responde a los anhelos más hondos del corazón humano, que busca sentido y eternidad. En Japón, la cultura del ‘ikigai’ —la razón de ser— refleja esa búsqueda de plenitud. Muchos japoneses encuentran propósito en la armonía social y la dedicación al trabajo, pero sin Cristo, esa plenitud puede quedarse en logros temporales. El Evangelio ofrece una respuesta definitiva: la alegría que nace del amor divino, que trasciende las circunstancias. Hoy, podemos preguntarnos: ¿estoy permitiendo que esa alegría plena de Cristo llene mi vida? Al guardar sus mandamientos —amar a Dios y al prójimo— experimentamos una felicidad que no depende de lo externo. En un mundo que busca la felicidad en cosas efímeras, Jesús nos muestra el camino verdadero. Vivamos este día abrazando su amor y compartiéndolo, para que nuestra alegría sea completa.





