Evangelio
Iban de camino subiendo a Jerusalén; Jesús iba delante, y ellos estaban sorprendidos; los que lo seguían tenían miedo. Tomando de nuevo aparte a los Doce, empezó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes, a los escribas y a los ancianos; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y al tercer día resucitará.»
Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Ellos le respondieron: «Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Pero Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Podemos.» Jesús les dijo: «El cáliz que yo bebo, lo beberéis; y con el bautismo con que voy a ser bautizado, seréis bautizados. Pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quienes está preparado.» Al oír esto, los otros diez empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones las dominan, y sus grandes ejercen sobre ellas autoridad. Entre vosotros no ha de ser así; al contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y quien quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»
Reflexión
Hoy celebramos a San Agustín de Canterbury, quien con humildad llevó el Evangelio a Inglaterra. En el Evangelio, Jesús anuncia su pasión mientras sube a Jerusalén. Los discípulos, sin embargo, están preocupados por su propio futuro y piden puestos de honor. Santiago y Juan piden sentarse a su derecha e izquierda en la gloria. Jesús les responde con una lección radical: la grandeza no está en dominar, sino en servir. Quien quiera ser el primero, sea esclavo de todos. Este mensaje desafía nuestras ambiciones de poder. Jesús mismo da ejemplo: no vino para ser servido, sino para servir. En Japón, la cultura del omotenashi valora el servicio, pero a menudo se busca reconocimiento. Jesús nos llama a un servicio gratuito, como el de San Agustín. En una sociedad que valora el honor, el Evangelio subvierte: el primer discípulo es el que sirve. Examina tus motivaciones hoy. ¿Buscas ser servido o servir? Imita a San Agustín: ofrece un servicio humilde en tu familia o trabajo. Pon a los demás primero, como Cristo.

